Nuestro pie es una obra de arte que consta de 26 diferentes huesos unidos entre si mediante articulaciones más o menos rígidas. La movilidad la dan múltiples músculos unidos con tendones a los huesos. Tres bóvedas o arcos le dan la flexibilidad que tiene en estado joven: dos arcos cuyo punto común es el calcáneo y se tienden al metatarso 1º y 5º y el tercer arco que forma la bóveda transversal entre el metatarso de la primera falange y el de la quinta (ver imagen). Hay que tener en cuenta esta bóveda transversal que en tantos pies se ha hundido, formando el pie valgo con sus consecuencias en el ensanche del pie medio, juanete, dedo en forma de martillo etc. Todas estas deformaciones pueden tener su origen entre otros en el hundimiento de la bóveda del antepié (ver imagen).

¿Por qué se hunde esta bóveda en tantos pies y produce en muchos casos, sobre todo en mujeres, los temidos juanetes y otras dolencias molestas? Hay dos teorías, dejando aparte la pequeña parte de personas que por predisposición y herencia tienden a estas deformaciones:

• Desde muy pequeños nuestros pies están encerrados en zapatos, lo cual condena a la mayoría de los músculos del pie a la pasividad, éstos se atrofian en mayor o menor medida y dejan de funcionar como elementos de sostenimiento y flexibilidad.

• No en vano esta deformación se produce mayoritariamente en señoras, debido a la elevación del talón en los zapatos con tacón y la sobrecarga consecuente del antepié que llega a recibir en casos extremos más del 75% del peso corporal, cuando en condiciones normales – en posición horizontal (tacón cero) – este peso lo sostiene toda la planta del pie y especialmente el calcáneo diseñado para soportar las cargas más grandes.

En consecuencia no se puede recomendar de manera suficiente el andar descalzo no solamente en los niños sino también en los adultos, sobre superficies blandas y de diferentes texturas, para estimular los sentidos y los músculos. Conscientes de la falta de ejercicio del pie en ciertos paises (y ojalá pronto en España también) ya existen parques diseñados especialmente para pasar un rato divertido y ejercer todos los músculos del pie andando descalzo. Tampoco se puede hacer suficiente hincapié en el uso de zapatos que dejen espacio suficiente y movilidad a los dedos de los pies.

El 95 % de los zapatos que hay en el mercado no cumplen este requisito básico. Sus formas más o menos puntiagudas y en cualquier caso estrechas deforman el antepié y tuercen las falanges extremas (dedo gordo y meñique) desviándolos de su posición normal, que es ligeramente radial abierta. Si observamos un pie natural, su dedo gordo se desviará ligeramente del eje del pie pero en dirección al interior del pie. Se ha comprobado que incluso los calcetines ejercen fuerza suficiente para desviar los dedos de su posición natural, mucho más los zapatos inadecuados.

La consecuencia de ello es que los tendones que se encuentran centrados sobre las falanges medias y extremas de los dedos del pie en estado desviado se salen del centro y empiezan a tirar precisamente en la dirección en la que el zapato desvía el dedo. Una vez descentrado el tendón, su fuerza desvía cada vez más el dedo gordo en dirección al meñique, lo cual en estado extremo provoca que se solapen el dedo gordo con el segundo y en casos aislados provoque el Hallux Valgus de 4º grado con el dedo gordo prácticamente en perpendicular con los demás dedos.